Las Influencias

Aquí se desangra todo cuanto nos inspira a emprender los caminos que hemos elegimos, y que hemos de elegir constantemente.
Aquí compartimos nuestras predilecciones, nuestros temas e intimidades, con la debida subjetividad de los fans, siempre abierta a la disposición de ustedes, los lectores.

Toda influencia es vulnerable ante las justificaciones que las sostienen y los contraataques ajenos. Somos nada más que fans defendiendo meticulosamente lo que nos hace felices, lo que forja nuestra identidad, lo que abastece nuestra fiebre y lo que justifica nuestras inquietas y poliédricas personalidades; e insistimos, siempre con la apertura que amerita la diversidad de pensamiento.

Somos simples y sencillos coleccionistas de aquello que complementa nuestro mundo.

Se ha dicho por ahí (en la red social predilecta del mundo): «Hay niños que mueren de hambre, animales en peligro de desaparecer y naciones en conflicto bélico... y otros se preocupan por quién será el siguiente Batman».
Irreversible e inevitable, lo cierto es que... los simples mortales, como aquellos que no pueden ni podrán cambiar el mundo con posteos y etiquetas o con el mejor libro del mundo o la más grandiosa película jamás producida, seguirán escribiendo con el insaciable descaro de los coleccionistas y haciendo recuento de lo que integra la cultura que han elegido (es decir, aún habrán extasiados que se preguntan... ¿quién será el nuevo Batman en años por seguir o qué tramará George R. R. Martin aún después de la tumba?). Como sea, muchos de los ociosos (ustedes disculparán), fueron los que idearon los primeros planos y produjeron los primeros circuitos para hacer funcionar la tableta desde donde elegimos explayar nuestras insaciables quejumbres.
No tenemos armas nucleares, no sabemos cómo evitar la extinción de los linces y los tigres, y tampoco disponemos de los medios para alimentar a los niños pudriéndose de hambre. Sólo tenemos palabras (como el infante sólo tiene su tambor de hojalata y apenas fragmentos de dignidad). Algunas de estas palabras, claro está, dedicadas con furor a los bienintencionados posteadores consternados por las pestes bubónicas del mundo vía electrónica: «chingen-a-su-puta-madre». Aceptar los peores derroches de la humanidad, es el primer paso para la real contemplación.

Esto no es una guerra, es simple y sencillamente compartir con toda la intensidad posible.

Atte. Bardo y Balta.

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